
Abrirse a sentir
A menudo construimos muros invisibles para protegernos del dolor, sin darnos cuenta de que esas mismas paredes también nos impiden sentir la alegría y la conexión verdadera.
En esta reflexión, exploramos qué significa realmente bajar la guardia y por qué abrirse a sentir no es un acto de debilidad, sino el mayor gesto de valentía que podemos tener hacia nosotros/as mismos/as.
Te invito a leer estas líneas con el corazón dispuesto.
Me permito sentir.
Y muchas veces no me apetece nada... se vuelve incómodo cuando lo que empiezo a sentir es tristeza... me llena de vacío, se abre un abismo en mi pecho y caigo por él, las lágrimas vienen... lloro...
O enfado... todo el cuerpo se contrae, sube el calor desde el estómago, quiero que salga y gritar... grito...Es tremendamente incómodo... apetece escapar, mirar hacia otro lado, buscar una distracción...
Pero me quedo ahí, sintiendo.
La mente hace su aparición... te dice que pares, que no es para tanto, que ya no eres una niña para ponerte así, que tengas cuidado no te vayas a hacer daño, no vayas a perder el control, o a volverte loca...
Y veo toda la charla interna... y me quedo ahí sintiendo...
Me permito sentir porque hay un permiso interno. Porque valido mi sentir. Porque me hago cargo de mis emociones. Porque les doy espacio y voz. Porque elijo que se drene el dolor. Porque soy mi propio sostén. Porque el amor hacia mi es más grande que el miedo. Porque confío en el proceso. Porque confío en la vida.
¿Y tú?
Te acompaño.
